Sabores que empujan pedales y pasos
Desayunos generosos con pan negro, miel alpina y yogur espeso sostienen la mañana. Al mediodía, un plato de jota reconforta bajo nubes pasajeras; por la tarde, un frico crocante recompensa el esfuerzo. En la costa, mariscos sencillos y vinos blancos tensos acompañan puestas de sol. Mantén hidratación con fuentes públicas, evita excesos en calor, reparte la energía en raciones pequeñas. La cocina local no solo deleita: estructura cada jornada con pausas memorables que celebran territorio, oficio y conversación.